martes, 20 de octubre de 2009

CASO FILM


La perspectiva crítica de la comunicación y Shattered Glass


Las películas son siempre una herramienta útil para desarrollar teorías vistas en clase. Shatered Glass es un buen ejemplo de cuánto puede una película ayudarnos a entender teorías que sólo en el texto pueden ser complicadas.

Una de estas teorías es la de la perspectiva crítica en las auditorías de comunicación, mencionada por el Dr. Federico Varona en su ponencia Las Auditorías de Comunicación Organizacional desde una perspectiva académica estadounidense (1993).

"La perspectiva crítica se centra en el estudio de cómo las prácticas de comunicación organizacional son sistemáticamente distorsionadas (Habermas, 1979) para servir a los intereses de quienes están en una posición de poder dentro de la organización (Deetz, 1982; Mumby 1987)", menciona Varona. Estas teorías son muy interesantes, porque son una de las pocas que consideran que la comunicación al interior de la empresa pueden ser manipuladas conscientemente para servir a intereses de terceros.

En Shatered Glass (2003) de Billy Ray, se nos cuenta la historia verídica de Stephen Glass, un periodista de la prestigiosa revista norteamericana The New Republic que se hizo tristemente célebre por publicar varios artículos que eran completamente fabulados y que no se detectaron hasta mucho tiempo después.

Pero este incidente que puede servir para el debate de la ética periodística o el control de datos en una sala de redacción, hay que pasarlo por alto. Lo que nos interesa en comunicación organizacional es la forma como este interesante personaje, manipulaba constamente la comunicación al interior de la empresa, para servir siempre a sus intereses.

Glass adulaba a sus compañeras, fingía admiración a sus compañeros, y aparentaba sumisión y lealtad a su jefe, todo para conseguir sus objetivos, que podía ser ayuda en la redacción de un artículo o conseguir que lo defiendan.

Las pocas veces que su jefe lo confrontaba, él lo hacía bajar el tono llevándolo todo al terreno personal con su frase hecha: "¿estás molesto conmigo?".

Hacía que conocidos llamen por teléfono a la oficina y se hicieran pasar por miembros de importantes revistas norteamericanas como Time o Newsweek, para aparentar que él se codeaba con lo mejor.

Hacía también fiestas en su casa cada cierto tiempo donde se mostraba como el perfecto anfitrión; en resumen todo un as de la manipulación de la comunicación. Como si Habermas y Deetz hubieran pensado en él al momento de escribir sus teorías.

Él era quien realmente mandaba en la revista y lo hubiera seguido haciendo de no ser por un hecho fortuito, que obligó al nuevo jefe de redacción a hacer primero un control de datos y luego una auditoría improvisada donde descubrió sus mentiras. Pero el tinglado que había armado Glass era tan grande, que este nuevo jefe tuvo que enfrentarse a casi todo el personal manipulado, que creía ciegamente en Glass. Aunque al final la verdad se impone.

La moraleja: siempre se debe hacer auditorías de comunicación interna, y siempre se debe buscar al manipulador. La experiencia nos muestra a diario que la existencia de este personaje es más común en las empresas de lo que se cree.

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