
jueves, 25 de febrero de 2010
COMUNICACIÓN CORPORATIVA 2.0

jueves, 28 de enero de 2010
LOS HÉROES TAMBIÉN TIENEN IMAGEN

lunes, 11 de enero de 2010
GRAVE ERROR DE PERCEPCIÓN

Uno de los errores de comunicación que más daño puede causar en las organizaciones, es el de la percepción errónea de señales en el estilo de laborar de los trabajadores por parte de los directivos, la cual puede llevar a cometer actos tan injustos como premiar al trabajador más ineficiente o desleal, y por el contrario castigar o postergar, a los trabajadores más leales y productivos.
Este error, aparentemente tan simple, es por desgracia mucho más frecuente de lo que se cree y ocurre fundamentalmente por una razón: un directivo o grupo de directivos, interpreta erróneamente las señales que emiten sus trabajadores al momento de trabajar y terminan utilizando el sistema de premios y castigos, de manera inversa: premiando a los ineficientes y castigando a los buenos trabajadores, provocando así graves situaciones de injusticia.
Existen hoy por desgracia, todavía muchos gerentes que premian con ascensos o aumentos a aquellos que por ejemplo pasan más horas en la oficina, creyendo por ello que trabajan más horas o que están más identificados con la organización, cuando la mayor parte de las veces, estos señores en realidad son más ineficientes que el resto por no terminar su trabajo a tiempo.
Otro error común es el de premiar a aquellas personas que aparentemente cumplen todo reglamento, se deshacen en halagos ante los directivos, hacen como que están allí siempre que los necesitan y aparentemente trabajan duro, cuando en realidad lo que hacen es apropiarse del trabajo de otros.
Muchos directivos ven en estos individuos, al trabajador ideal y leal, cuando lo que en realidad lo que ellos son se aproxima más a lo que se conoce popularmente como “franelero”.
Estos errores hacen que el resto del personal se sienta injustamente relegado y postergado, o peor aún, perciban a la organización (no al directivo que cometió el error), como una entidad perversa, donde para progresar lo que hay que hacer es precisamente lo malo, creando con ello un pésimo clima laboral que puede llegar incluso a la extinción de la empresa.
SOLUCIONES
¿Cómo hacer para evitar caer en este error? ¿Cómo saber captar la esencia de las personas y no su superficialidad?
La respuesta podría no ser tan fácil de encontrar, porque entra en juego mucho de la carga subjetiva del directivo, así como su formación, su estilo de dirección, etc. Algunos podrían incluso no darse cuenta jamás de estos errores (hay gerentes despedidos por este tipo de situaciones, que años después aún no descubren cuál fue su error) o hacerlo cuando sea ya demasiado tarde.
Lo aconsejable en primer lugar es que el directivo no se deje deslumbrar por la primera impresión, que siempre trate de conseguir más información y ver más señales de las que se aprecian a simple vista en el trabajador. En segundo lugar, que no se rodee siempre del mismo grupo de personas, que trate de escuchar siempre a los dos lados de un conflicto y que no se apresure a la hora de premiar y/o castigar.
Ayudaría mucho también el que los trabajadores no se queden callados, que manifiesten siempre su desacuerdo ante cualquier situación injusta que se presente y que luchen por dar a conocer la verdad, aunque a ello implique en ocasiones, poner en riesgo su trabajo.
martes, 10 de noviembre de 2009
CASO FILM: THE INSIDER

Decir la verdad puede traer problemas
miércoles, 21 de octubre de 2009
LA ESTRATEGIA DE LA AVESTRUZ

Es sorprendente ver cómo en la actualidad las comunicaciones han logrado un desarrollo que prácticamente imposibilita ocultar cualquier información. Muchas organizaciones todavía persisten en la práctica de la estrategia del avestruz.
De acuerdo con la creencia popular, la avestruz entierra su cabeza en el suelo para evitar los problemas (en realidad lo hace para alimentarse, pero ese es otro tema). Por ello, cuando hablamos de la estrategia del avestruz, nos referimos a la actitud que tienen ciertos directivos, de tratar de ocultar toda información cuando ocurre una crisis.
Esta actitud no es errónea solamente porque en estos tiempos es materialmente imposible frenar el flujo de comunicación, sino que como bien dice Antonio López del BBVA aunque existiera algo capaz de frenar ese flujo, “es un error estimar que una crisis silenciada es una crisis resuelta”.
Ante una crisis, se ha de brindar toda la información solicitada por los medios y el público, así como también dar una respuesta veraz y controlada. Es más, lo mejor es estar preparados: contar con un manual de crisis (con los teléfonos de las personas a las cuales llamar cuando comienza la emergencia), un comité de crisis, un portavoz que dé la cara y las respuestas, para que no nos tomen desprevenidos.
Las crisis son siempre inesperadas, de inmediato repercuten en el público, y provocan situaciones que escapan al control de los directivos; por ello siempre provocan pánico, pero si se sabe reaccionar a tiempo y se pone en práctica una buena estrategia de comunicación, esa crisis puede tornarse en oportunidad de mejorar la imagen de nuestra empresa ante el público.
Conocido es el caso de la empresa Johnson & Johnson, en la llamada “Tragedia del Tylenol” cuando en 1982 sufrió el envenenamiento de varios de sus envases de su producto Tylenol con cianuro, lo cual provocó la muerte de 7 personas. A pesar de que la empresa no tuvo la culpa (fue víctima de un sabotaje), había que tomar una decisión de inmediato. Como el poner en riesgo la vida de sus clientes no era una opción para sus directivos, y como no se podía identificar cuáles eran los frascos envenenados, la empresa actuó rápidamente y optó por retirar del mercado millones de envases, contra la opinión de muchos, incluyendo la del FBI.
La medida tuvo un costo calculado en 200 millones de dólares, pero el no haber actuado con prontitud pudo haber causado una mella en la imagen de la empresa, de la cual quizá nunca se habría recuperado. Por el contrario, gracias a esta reacción y a una adecuada política posterior de comunicación, Johnson & Johnson se ganó la lealtad de sus clientes y posiblemente captó otros nuevos, lo cual se vio traducido luego en mejores ingresos.
Por eso, si usted como directivo de una organización, se ve de pronto obligado a enfrentar una crisis, no le pida a su Director de Comunicación o Jefe de Imagen, que vea la forma de que no se hagan públicos los detalles de la misma: pídale más bien que vea cómo aprovechar la situación y hacer que esa crisis se torne en una oportunidad para su empresa.
martes, 20 de octubre de 2009
CASO FILM

martes, 13 de octubre de 2009
LA IMAGEN PERFECTA

En estos últimos años donde la imagen parece serlo todo, muchas empresas y personas le han dado una gran importancia a este tema. Si a eso agregamos que vivimos en un país como el nuestro, donde son todavía muy populares refranes como “como te ven te tratan”, la importancia se incrementa todavía más.
Ahora bien, esto en sí no es malo, que una empresa tenga una buena imagen puede ser decisivo a la hora de que un consumidor se decida en comprar su producto o cambiarlo por otro; y en el plano personal una persona puede perder un trabajo por no cuidar detalles como el peinado, o la limpieza de la ropa que lleva puesta.
El riesgo se encuentra cuando se le da tanta importancia a la imagen, que empieza a perder su conexión con la realidad y eso en un mundo donde las tecnologías han adquirido un desarrollo muy avanzado, es muy posible, al final se puede obtener una imagen perfecta, pero como todo lo perfecto, esa imagen sería irreal.
Ya lo ha mencionado Joan Costa en su artículo De la Comunicación Integrada al Director de Comunicación: una historia personal, “…Contábamos con una herramienta perfecta: la integración de las comunicaciones. Pero demasiado perfecta, porque estaba especializada, exclusivamente, en coordinar los mensajes y los medios, los contenidos y los procesos. Se llegaría así a una metacomunicación. Ésta se acabaría independizando de la conducta real de la empresa y acentuaría la autonomía del discurso construyendo su realidad simbólica al margen de la realidad factual: los hechos. Las comunicaciones, bien integradas, mentirían a la perfección”.
El problema con tener una imagen tan perfecta, que sea irreal, es que tarde o temprano se descubrirá el engaño, y todo aquel público al que habíamos convencido con nuestra imagen, terminará dándose cuenta de que lo que le decimos, difiere de lo que hacemos, o peor aún, de lo que somos.
QUÉ HACER
Y el riesgo más grande es que nosotros nos demos cuenta de ello muy tarde, cuando ya el público tomó nota de las diferencias que existe entre lo que predicamos, contra lo que decimos y hacemos. Cuando esto ocurra, el daño infringido a nuestra imagen será tan grande, que habrá que empezar a reconstruirla de cero.
En las mediciones de imagen corporativa, los consultores siempre confrontan lo que se llama la “imagen deseada” contra la “imagen real” de las empresas, y entre ambas siempre habrán espacios más o menos grandes a las que llaman “brechas”. Las brechas siempre van a existir, pero la idea es que sean lo más cerca posible a cero.
Lo mismo debemos hacer nosotros con nuestra imagen personal: debemos tomar en cuenta que siempre existirán las brechas y debemos trabajar lo más que se pueda para hacerlas lo más pequeñas posible, pero sin perder nuestra esencia en el esfuerzo.